La famosa anécdota sobre el Puente de las Cadenas
Entre las personas que cruzaron el Puente de las Cadenas en el período inmediatamente posterior a su inauguración, ocurrida el 20 de noviembre de 1849, se encontraba también un aprendiz de zapatero llamado Jakab Frick.
Cuando en 1852 el puente, diseñado por iniciativa de István Széchenyi por William Tierney Clark y construido bajo la dirección de Adam Clark, fue adornado con las sugerentes esculturas de leones obra de János Marschalkó, el joven Frick, conocido por ser un poco chinche, encontró inmediatamente la manera de aguar la fiesta. «¡Pero estos leones no tienen lengua!», exclamó, desatando un verdadero alboroto.
El escultor János Marschalkó en apuros por sus leones
La noticia se propagó en un abrir y cerrar de ojos y el escultor se convirtió en objeto de burlas de todo tipo. En cierto momento comenzó a rumorearse que el pobre artista incluso se había suicidado por la vergüenza, arrojándose al Danubio. Afortunadamente no era cierto, Marschalkó moriría de viejo en 1877, pero las bromas sobre la lengua de los leones lo acompañaron hasta el final de sus días.
Leones de verdad para ganar la apuesta
Sin embargo, no se dio por vencido y lanzó una apuesta para demostrar que incluso la lengua de los leones reales, cuando adoptan la misma posición que sus leones de piedra, no se ve porque está oculta en la parte baja de la boca. Apostó quinientos florines y junto con un grupo de amigos fue a visitar una casa de fieras para resolver la cuestión. El león de carne y hueso le dio la razón al escultor: efectivamente, cuando mantenía la cabeza en la misma posición que la de los leones del Puente de las Cadenas, su lengua era invisible.
El chiste sobre la lengua de los leones de piedra
Pero en realidad, a Marschalkó no le habría hecho falta ir hasta la casa de fieras para tener razón, le habría bastado con una buena escalera: sus leones, de hecho, sí tienen lengua, solo que desde el nivel de la calle no se ve. Se cuenta que en alguna ocasión el escultor respondió así a quienes se burlaban de él por los leones sin lengua: «¡Si tu mujer tuviera una lengua como la de mis leones, tendrías una vida difícil!»