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El misterio de la yegua desaparecida

Un día de 1874 en Kisbér, un pueblo cerca de Budapest, desapareció una yegua. El animal vivía junto a una cincuentena de caballos en una hermosa finca, y era la más flaca y desgarbada del grupo. Tras buscar un rato por la zona, su criador logró encontrarla en un campamento gitano, pero antes de llevarla de vuelta a casa, no pudo resistir la tentación de preguntarles a los gitanos por qué demonios habían robado precisamente esa yegua tan feúcha, en lugar de alguno de los otros, mucho más hermosos. Le respondió una anciana gitana mirándolo profundamente a los ojos: «Los otros caballos serán más bonitos, pero esta es la mejor del grupo. Es una yegua especial, ya verás que se convertirá en una campeona.»

Kincsem: la campeona pura sangre

Jamás hubo profecía más acertada: aquella yegua no era otra que la célebre Kincsem (cuyo nombre significa «mi tesoro»), la pura sangre de galope mejor de todos los tiempos que a partir de 1876 ganaría todas y cada una de las cincuenta y cuatro carreras disputadas.

La amistad entre la yegua y el gato

Era una estrella y se comportaba como tal, caprichos de diva incluidos. Kincsem tenía un amigo inseparable, un gato blanco y negro que se llamaba Csalogány (Ruiseñor), sin el cual no iba a ninguna parte. Carrera o no carrera, si no estaba el gato, no se partía. Por su parte, Csalogány no permitía que los compromisos de Kincsem afectaran su independencia felina, y si le apetecía darse una vuelta por los callejones o los tejados de una nueva ciudad, desde luego no pedía permiso para hacerlo. Se habló largo y tendido de aquella vez en que el minino se aventuró en un barco en Boulogne y los mozos de cuadra tuvieron que peinar el puerto palmo a palmo para encontrarlo.

Una pura sangre de paladar exquisito

Como si no bastara con su obsesión por el gato, Kincsem también daba dolores de cabeza a quienes la cuidaban por otro de sus caprichos: solo estaba dispuesta a beber el agua que le gustaba a ella, y dado que no era capaz de explicar cómo debía ser el agua para que ella la considerara buena, la empresa de calmarle la sed se volvía a menudo bastante ardua. Una vez, antes de una carrera en Baden-Baden, no bebió durante un día entero y solo unos minutos antes de la carrera se logró encontrar una fuente cuya agua fue finalmente juzgada potable por la cuadrúpeda fuera de serie.